El intelecto ha desarrollado
mecanismos que siempre acaban en paradojas. Amar y no ser correspondido
o la propia muerte son una paradoja. Por eso el fin último del arte
es apelar a lo irracional, a lo incomprensible. Ese es el secreto de esas
obras que no mueren nunca y que muchos artistas en la Web olvidan.

Con un aparente repertorio mínimo
de elementos visuales consigue el pintor Miguel Jiménez, transmitir
un máximo de intensidad. Cuando se contempla con atención
sus creaciones, se aprecia que tras ellas hay una enorme cantidad de recursos
que configuran unas superficies ricas en matices generando espacios serenos
y ordenados.
Hay en sus cuadros una idea de
composición a través del equilibrio de masas y de la secuenciación
de elementos, pero sin caer en el rigor geométrico, lo que propicia
la idea de un acontecer vital de una palpitación plástica.
La obra de Miguel Jiménez
(http://pagina.de/jimenezgallery) se
mantiene en una atmósfera de recogimiento y silencio.
Jiménez no es un pintor
clásico modernista, incorpora muchos conceptos de las artes pictóricas.
La luz que en sus cuadros tienen una iluminación expresionista,
hace que las formas queden deformadas por esta. También hay mucho
de simbolismo y romanticismo.
Su obra transcurre dentro de una
línea poética, rememorando un pasado que aún en algunos
momentos, en algunos rincones es presente.
Cada campo de color en él,
instaura un hipnótico registro sonoro, a menudo impregnado por una
pudorosa inflexión melancólica, que hace vibrar mediante
la inserción, igualmente contenida, de algún motivo gestual.

Expone Miguel Jiménez una
explosión de colorido en obras que tratan lo más inmediato:
los gestos y las emociones de todos los días. Estas son acaso las
características más sobresalientes de este artista enmarcado
dentro de un alegre expresionismo de tono poético.