Crítica  On     Line
Eduardo Arboleda Ballén
 
 
MIGUEL JIMÉNEZ
 


El intelecto ha desarrollado mecanismos que siempre acaban en paradojas. Amar y no ser correspondido o la propia muerte son una paradoja. Por eso el fin último del arte es apelar a lo irracional, a lo incomprensible. Ese es el secreto de esas obras que no mueren nunca y que muchos artistas en la Web olvidan.
 
 

Con un aparente repertorio mínimo de elementos visuales consigue el pintor Miguel Jiménez, transmitir un máximo de intensidad. Cuando se contempla con atención sus creaciones, se aprecia que tras ellas hay una enorme cantidad de recursos que configuran unas superficies ricas en matices generando espacios serenos y ordenados. 
Hay en sus cuadros una idea de composición a través del equilibrio de masas y de la secuenciación de elementos, pero sin caer en el rigor geométrico, lo que propicia la idea de un acontecer vital de una palpitación plástica. 

La obra de Miguel Jiménez   (http://pagina.de/jimenezgallery)  se mantiene en una atmósfera de recogimiento y silencio.
Jiménez no es un pintor clásico modernista, incorpora muchos conceptos de las artes pictóricas. La luz que en sus cuadros tienen una iluminación expresionista, hace que las formas queden deformadas por esta. También hay mucho de simbolismo y romanticismo. 
Su obra transcurre dentro de una línea poética, rememorando un pasado que aún en algunos momentos, en algunos rincones es presente.
Cada campo de color en él, instaura un hipnótico registro sonoro, a menudo impregnado por una pudorosa inflexión melancólica, que hace vibrar mediante la inserción, igualmente contenida, de algún motivo gestual. 


Expone Miguel Jiménez una explosión de colorido en obras que tratan lo más inmediato: los gestos y las emociones de todos los días. Estas son acaso las características más sobresalientes de este artista enmarcado dentro de un alegre expresionismo de tono poético.

20 de octubre de 2000